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Juan Pablo Duarte, La Trinitaria y la Independencia Nacional

Por: Alejandro Paulino Ramos

La época Colonial de Santo Domingo

Esta noche nos hemos reunido en este salón para recordar, más que la heroica hazaña de la Independencia Nacional de 1844, recordar el sacrificio y la entrega del Patricio Juan Pablo Duarte a favor de la creación y consolidación de lo que el  bautizó como la República Dominicana.

Una nación formada en un largo proceso histórico, en el que la imperial España se apropió de la isla y aniquiló, en su afán por obtener riquezas a la población indígena. La posterior desaparición del oro y del  aborigen facilitó el surgimiento de la esclavitud africana y de la industria azucarera, así como  a la instauración del hato ganadero como contraparte importante de aquella industria. El exterminio indígena y la esclavitud del africano fueron tempranamente resistidos con la insurrección de Enriquillo en el Bahoruco y las rebeliones de los esclavos conocidas como las cimarronadas.

Los conflictos desencadenados durante todo el siglo XVI, se conjugaron con el interés  expansionista de España hacia territorio continental, el abandono por España de la que un día consideró Atenas del Nuevo Mundo, y la presencia agresiva de potencias enemigas del proyecto colonial que había arrancado en 1492. Esta situación  abrió el camino al comercio de contrabando practicado por los habitantes de Santo Domingo, con súbditos de Inglaterra, Francia y Holanda y de paso al enfrentamiento de las autoridades españolas con un sector de la población que ya no era ni indígena, ni español y menos africano. El criollo que luego sería dominicano, resistió con las armas el proceso de las devastaciones de la banda norte de la isla,  ejecutadas entre 1605 y 1606. Esa resistencia fue encabezada, por el mulato Hernando Montoro.

Se constituía así el núcleo inicial de resistencia de lo que iba a se el pueblo dominicano, una comunidad que se fundaba en el aislamiento y la crisis económica que afectó nuestro territorio durante los siglos XVII y XVIII; siglos en los que se establecieron en la parte Este de la Isla, en aquellas tierras despobladas en 1605, los imperialistas franceses, con su colonia y sus plantaciones azucareras esclavistas en la parte que pronto se llamó el Santo Domingo Francés.

El Santo Domingo Francés y el Santo Domingo Español

Si a todo esto sumamos los conflictos de Francia y España y la forma en como estos se reflejaban en la Isla, así como los acuerdos o tratados entre estas potencias en torno a la posesión y limites territoriales de las dos colonias que ocupaban la isla de Santo Domingo, entonces podríamos ir detectando algunas de las razones que explican las contradicciones entre los habitantes de ambas colonias.

Los dos pueblos se fundaron enfrentados por los intereses franceses y españoles a la vez que se diferenciaban en relación al tipo de economía, religión e idioma. Pero en los dos pueblos existía el componente africano y esto, de alguna manera tendría su repercusión a finales del siglo XVIII, en las naciones que se estaban formando, y por desgracia, España facilitó y aceleró, con el Tratado de Basilea que delegó en Francia la propiedad del Santo Domingo español en 1795, los acontecimientos que se iban a desarrollar en el primer cuarto del siglo XIX:

La primera década de ese siglo encontró a los dominicanos afectados por la guerra de los esclavos contra Francia en la parte Este; los encontró entregados jurídica y legalmente al dominio de Francia así como invadido en 1801 por Toussaint Louverture, quien abolió por primera vez la esclavitud a la vez que reformó la economía y el Estado, modificando el sistema productivo y estableciendo las normativas de una nueva constitución colonial, proceso que fue abortado por la ocupación de nuestro territorio por Francia, en 1802 y la prolongación de su permanencia  hasta 1809 cuando definitivamente los dominicanos, impulsado por aquel movimiento pro español de la Reconquista, derrotó al ejercito Napoleónico en la Batalla de Palo Hincado.

Posiblemente la primera imagen en que aparecen juntos Duarte, Sánchez y Mella publicada por El Teléfono 27 de febrero 1890

 Aquel acontecimiento permitió, en medio de la crisis económica provocada por todos aquellos conflictos, el regreso en condición de colonia a la imperial España, en 1809. Un imperio imposibilitado de tomar y defender y menos ayudar coherentemente su antiguo territorio. Regresábamos a la vieja condición de colonia exactamente cuando comenzaba en América del Sur aquel pujante movimiento liberal de independencia que lideraba Simón Bolívar. Y en medio de la incertidumbre y un poco influenciado por aquello, surgió por primera vez la necesidad de ser libre y soberano constituyendo a Santo Domingo en una nación soberana.

Las ideas de independencia crecieron ante la indiferencia de España y la progresiva conspiración de José Núñez de Cáceres y  el  grupo de liberales que les seguían, apoyados a su vez por las tropas de morenos que comandaba Pabló Alí. El primero de diciembre de 1821 se anunció a la población el surgimiento del Estado Independiente del Haití Español, considerada la primera independencia de los dominicanos. Cuando se proclamaba aquella primera independencia de los dominicanos, que resultó efímera,  Juan Pablo Duarte apenas se acercaba a los ocho años de edad, y un año después debió enterarse confusamente, como aquella soberanía desaparecía para que el 9 de febrero de 1822 los dominicanos volvieran a caer bajo el tutelaje de otra nación, ahora  ocupada militarmente por el gobierno haitiano que presidía Juan Pedro  Boyer.

Juan Pablo Duarte y la dominación haitiana, 1822-1844

Ese humillante acontecimiento no fue repelido militarmente por los dominicanos. Los intereses económicos y políticos pesaron más que la sed de ser libre y soberano. Por un lado los sectores oligárquicos timadamente se resistían al cambio porque temían  perder sus esclavos, pero a la vez apoyaban la ocupación haitiana porque soñaban con el resurgimiento del hato ganadero y las posibilidades de recomponer la venta de ganado a la vecina republica de Haití. Por su parte, el grupo independentista un tanto aislado, prefirió emigrar del territorio dominicano, mientras que los antiguos esclavos ahora convertidos en ciudadanos y con posibilidad de constituirse en propietarios, en ciertas formas agradecieron la presencia haitiana en Santo Domingo. En tanto los seguidores de España y de Francia emigraban a Cuba o Puerto Rico, y la iglesia católica se batía en su lucha para evitar ser despojada de sus bienes por el gobierno de Boyer.

De todos modos, el nuevo gobierno abolió la esclavitud, la economía del hato comenzó a perder terreno, y los bienes de la iglesia y de los que emigraron fueron confiscados, dándose inició al proceso de integración de los dos pueblos. Las tierras confiscadas comenzó a ser repartida entre los funcionarios civiles y militares del nuevo régimen, así como a los antiguos esclavos, se modificó el sistema judicial con la implantación de los códigos franceses y se intentó obligar a los dominicanos a aportar una parte del dinero que los haitianos debían entregar a Francia por el reconocimiento de su independencia.

Fue en ese ambiente de la primera década de dominio haitiano, que Juan José Duarte, padre de Juan Pablo, decidió  enviarlo a estudiar a España, aproximadamente en 1828. En aquella ocasión Duarte estuvo en Nueva York, Inglaterra, Francia y por ultimo en España, pudiendo dedicar parte de su tiempo al estudio de la geografía y a perfeccionar sus conocimientos de los idiomas inglés y francés. Fue en contactos con aquellos pueblos donde conoció y se interesó por las ideas liberales y los principios de independencia, libertad y soberanía que estaban muy en boga en aquellos años en Europa.

Cuando Duarte regresó a Santo, aproximadamente en 1833, se encontró con el descontento de amplios sectores de la población. Ese descontento estaba relacionado con el Código Rural que Boyer quiso imponer a partir de 1827. Ese Código, dice Roberto Cassá, buscaba “retrotraer el sistema agrícola haitiano al que existía en los tiempos de Toussaint y Christophe, o sea el de la gran plantación exportadora a base del trabajo forzado de cultivadores en estado de servidumbre”, abandonando el sistema de la pequeña propiedad y la libertad jurídica del campesino, lo que provocó una crisis en las finanzas y la productividad así como un estancamiento del comercio y por demás el descontento del campesinado.

La crisis económica que se profundizaba en Santo Domingo se conjugó con la crisis económica y política que se vivía en Haití, donde sectores liberales arreciaban sus actividades contra el régimen de Boyer, que a la vez progresaba en su dominio dictatorial contra los haitianos y dominicanos.

Surgimiento de la organización secreta La Trinitaria

La persecución política de los opositores al régimen, así como la crisis económica y la reducción de los precios de los principales productos de exportación incentivó la aparición de la oposición haitiana y la organización, todavía incipiente, de los sectores afectados del lado dominicano. Se puede decir que la primera organización estructurada con ideas claras y principios coherentes para oponerse a la ocupación haitiana, fue la institución juvenil política y secreta llamada La Trinitaria,  fundada el 16 de julio de 1838, integrada por jóvenes pequeños burgueses y cuyo líder indiscutible lo fue el joven Juan Pablo Duarte.

La Trinitaria fue idea de Juan Pablo Duarte, hijo de un prospero comerciante del puerto de Santo Domingo. De acuerdo al trinitario  José María Serra, un dominicano que resistió y denunció por aquellos días la ocupación haitiana en la más valiente clandestinidad, al Duarte enterarse de la propagación de sus escritos antihaitianos, le dijo: “En vez de continuar excitando al pueblo como hasta aquí, es menester formar una sociedad secreta revolucionaria. Todo lo tengo meditado. Esta sociedad se llamará la Trinitaria, porque se compondrá de nueve miembros fundadores, que formaran bajo juramento una base triple de tres miembros cada una”.(…). Habrá toques de comunicación que significaran confianzas, sospecha, afirmación, negación; que al llamar un trinitario a otro que está en su cama, ya éste sabrá por el numero y manera de los toques, si debe o no responder, si corre o no peligro (..). La existencia de esta sociedad será igualmente secreto inviolable para todo el que no sea trinitario, aunque sea adepto”.

Los nueve trinitarios fueron Juan Pablo Duarte, Juan Isidro Pérez, Juan Nepomuceno Ravelo, Felix María Ruiz, Benito González, Jacinto de la Concha, Pedro Alejandrino Pina, Felipe Alfau, y José María Serra.

El Teatro y la sociedad La Filantrópica

Uno de los medios para propalar las ideas de libertad y soberanía fue el teatro. En un edificio ubicado exactamente al lado del palacio de Borgella, donde gobernaba el representante de Boyer, el general Carrié. En ese edificio presentaban los trinitarios sus dramas patrióticos. Aquella sociedad recibía el nombre de La Filantrópica y en las obras presentadas se criticaba a los franceses, pero los dominicanos por analogía lo interpretaban como criticas contra los haitianos.

El trabajo de los trinitarios dirigidos por Duarte, combinó con los liberales haitianos que promovían el movimiento de reforma en Haití. Este movimiento derrocó el régimen de Boyer y estableció un gobierno provisional encabezado por Charles Gerard, que ante el interés de los dominicanos a separarse de Haití, inició de inmediato la persecución y represión contra los que estaban planteando la separación y la independencia. A partir de 1843 los trinitarios fueron los más perseguidos por los nuevos gobernantes haitianos.

Mientras La Trinitaria crecía en adeptos y sus predicas patrióticas se ampliaban en el territorio dominicano, no faltaron los que censuraron el movimiento y se burlaron de sus propósitos, especialmente los que disfrutaban de la presencia haitiana y los que, deseando la separación de aquel país, entendían que no podíamos ser libres y soberanos. Sobre esos críticos, dice Serra,  “hubo quienes nos censuraban y nos ridiculizaban: nos llamaban filorios por irrisión. Esta palabra no tiene significación en el idioma; fue inventada por un trufan para llamarnos por ironía, filósofos.”

Y era que la mayoría de los trinitarios eran jóvenes que no alcanzaban todavía la edad de los treinta años, mientras que los lideres oligárquicos pro haitianos, pro francés y españoles eran personas adultas, mientras que todos los trinitarios eran estudiantes y críticos de los afrancesados y enemigos de los que buscaban la anexión y el protectorado de potencias extranjeras.

Los sectores que criticaban el trabajo independentista de los trinitarios, se refieren a sus propósitos como la “Revolución de los Muchachos”, mientras buscaban la solidaridad del Cónsul francés en Puerto Príncipe y consolidar sus propósitos de separarnos de Haití para anexionarnos a Francia, intención que debía ejecutarse en abril de 1844.

Por otro lado, los lideres trinitarios, quienes se dieron a conocer cuando se vincularon con los liberales haitianos que lucharon contra Boyer, tuvieron que irse a la clandestinidad y en el caso de Juan Pablo duarte, Juan Isidro Pérez y otros trinitarios, obligados a salir del país para poder salvar sus vidas. Tras la salida de Duarte, los trinitarios pasaron a ser dirigidos por Francisco del Rosario Sánchez, quien organizó la conspiración contra el gobierno haitiano unificándose con los grupos conservadores separatistas.

La Proclamación de la República Dominicana

La conspiración de los dominicanos ganó fuerza ante los conflictos internos que afectaban en Haití, después de la caída del gobierno de Boyer. Esa situación facilitó, el 27 de febrero de 1844, la proclamación de la independencia del pueblo dominicano, dando paso la Junta Central Gubernativa, el primer gobierno constituido por dominicanos,  presidida por Francisco del Rosario Sánchez,  y quien fue muy pronto desplazado por Tomás de Bobadilla, uno de los lideres del sector de los afrancesados.

Puerta del Conde 1844. Imagen tomada del periódico El Teléfono del 27 de febrero 1890

Constituida la Junta de gobierno, se envió una goleta a recoger a Duarte y los demás deportados y con su llegada comenzaron a dejarse sentir los conflictos de intereses que desde antes del 27 de febrero anunciaban las luchas que se avecinaban. Entonces se uso como pretexto contra los trinitarios, que los pueblos del Cibao tenían la intención de imponer la candidatura de Duarte como presidente de la República.

Los sectores conservadores desplazaron a los trinitarios

En medio de la amenaza de invasión haitiana que se avecinaba, el enfrentamiento entre los conservadores encabezados por Pedro Santana y los trinitarios, entre los que no tenían fe y confianza en la naciente republica y los que entendían que la Republica Dominicana era un pueblo con suficiente fuerza y conciencia para mantearse libre e independiente, no dejo tiempo a la espera:  El historiador Rufino Martines, estudiando esta coyuntura, llegó a plantear que el pueblo dominicano no reconoció el aporte de los trinitarios  y por el contrario apoyó a los conservadores, quienes encabezados por Santana alcanzaban prestigio enfrentándose a los invasores haitianos a la vez que relegaban a los trinitarios a posiciones  de poca importancia.

Ante la perdida del poder que se percibía inminente, los trinitarios intentaron un golpe de Estado el 9 de junio de 1844, para reorganizar la Junta de Gobierno con  trinitarios y proclamar a Duarte como presidente de los dominicanos; pero los jefes militares del naciente ejercito, quienes reconocían en Santana una especie de liderazgo alcanzado en la Batalla del 19 de marzo, promovieron un contra golpe llevando a Duarte y a muchos de los trinitarios a la cárcel, los sometieron a un juicio militar y condenaron al destierro  a perpetuidad..

De modo que en menos de  cuatro meses, ya los conservadores y anexionistas habían logrado desarticular el movimiento de los trinitarios y expulsarl al exilio, el 10 de septiembre de aquel año, a los más destacados luchadores por la fundación de la Patria, declarando a Duarte, Sánchez, Juan Evalngelista Jiménez, Ramón Matías Mella, Pedro Alejandrino Pina y Juan Isidro Pérez, entre otros, como traidores a la Patria. La República todavía joven, terminaba en las manos de la dictadura constitucional que encabezó el general Pedro Santana a finales de 1844.

El dolor de Duarte al verse sin patria lo llevó a escribir el poema que tituló “La cartera del proscrito”, en el que se lamentó de su azaroso  exilio: “Cuan triste, largo y cansado, / cuan angustioso camino, / señala el Ente divino/ al infeliz desterrado./ Ir por el mundo perdido/ a merecer su piedad,/ en profunda oscuridad/ el horizonte sumido./ El suelo dejar querido/ de nuestra infancia testigo,/ sin columbrar a un amigo/ de  quien decir me despido.”

Los Trinitarios y la familia de Juan Pablo Duarte en el destierro

Los residuos de la organización La Trinitaria fueron agresivamente vigilados, y al comenzar el año de 1845 acusados de sedición. Un prestigioso grupo de aquellos fue juzgado y condenado al patíbulo, decisión que se ejecutó el 27 de febrero de ese año, como para simbolizar el interés anti nacional del gobierno de Pedro Santana. Fueron fusilados en aquella fecha  María Trinidad Sánchez, tía del patricio Francisco del Rosario Sánchez, Andrés Sánchez, José del Carmen Figueroa y Nicolás de Barías y en marzo del mismo año fueron expulsados al exilio todos los familiares de Duarte, reuniéndose con él en Venezuela donde fueron muriendo uno a uno sin ver cumplido sus sueños. Además, el 17 de septiembre fueron fusilados los hermanos José Joaquín y Gabino Puello, hombres de mucha valía  en la lucha por la independencia.

Duarte, Sánchez y Mella contra la Anexión a España, 1861

La historia no recoge a totalidad todo el dolor, hambre y soledad de Duarte y sus compañeros en el destierro, porque durante aquellos 17 años de la Primera República algunos regresaron acogiéndose a la amnistía, pero otros estaban expulsados a perpetuidad de su patria mal viviendo en Venezuela, Curazao y Saint Thomas. Pero cuando los antinacionales, enemigos de la República y la soberanía lograron, el 8 de marzo de 1861, volver el país a su condición de colonia de España, resurgieron de sus pasados y del olvido los mismos que encabezaron la proclamación de la República el 27 de febrero de 1844.

Francisco del Rosario Sánchez muy enfermo y exiliado para entonces en Saint Thomas, al enterarse de los planes de Pedro Santana para anexionar a Santo Domingo a España proclamó su condición de independentista, comenzó los preparativos para regresar a luchar a la patria y exclamó: si la “maledicencia buscare pretextos para mancillar mi conducta, responderéis a cualquier cargo diciendo en alta voz, aunque sin jactancia, que yo soy la bandera nacional”.  Sánchez, encabezando el Movimiento de la Regeneración, ingresó al país por la frontera dominico-haitiana, siendo apresado y fusilado el 4 de julio de 1861 en San Juan de la Maguana.

El patricio Juan Pablo Duarte

Llegado el año de 1863, los patriotas anti españoles comenzaron a organizar la lucha para restaurar la soberana perdida y en un afán sin limites para decirle al pueblo dominicano que el movimiento que se iniciaba era para proclamar la Republica Dominicana, adelantaron sus planes conspirativos para que el movimiento estallara y coincidiera con el 27 de feberero de ese año, lo que no se pudo lograr por ser detectada la conspiración. Hubo que esperar hasta el 16 de agosto para que la luz de la libertad y la independencia resplandecieran en los campos de batallas.

Ramón Matías Mella, quien se encontraba en Saint Thomas en 1863 al enterarse de los preparativos de los restauradores, se hizo pasar como partidario de la anexión y de los españoles, juró lealtad a los reyes de España y con pasaporte concedido por las autoridades, regresó al país el 15 de agosto de 1863. Inmediatamente se integró al ejército libertador, llegando a alcanzar el rango de General y Ministro de Guerra del Ejercito Restauradores.

El eco de la libertad retumbó en la selva venezolana levantando a Juan Pablo Duarte del olvido, haciendo que él y su hermano Vicente Celestino, además de Manuel Rodríguez Objío y otros despatriados organizaran su regreso al país para integrarse a la lucha que meses antes se había iniciado en Capotillo. Con armas y otros recursos obtenidos de los liberales venezolanos, llegaron al país por Monte Cristy el 25 de marzo de 1864, poniéndose de inmediato al servicio del gobierno restaurador.

Allí, en el campo de batalla, intentando reconstruir la Republica que había sido destrozada por Pedro Santana y Buenaventura Báez, se reunieron Duarte y Mella, en el momento en que este ultimo se encontraba en lecho de muerte. En el abrazo que selló aquel reencuentro quedaba plasmada la esperanza de volver a liberar la Republica.

A más de 175 años de la Independencia, aquella enseñanza de Juan Pablo Duarte y los Trinitarios, todavía permanece vigente para todos los dominicanos. Muchas gracias.

(Tomado del original de Alejandro Paulino Ramos, Conferencia  en Boston, Estados Unidos, en, febrero del 2006)

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